Roturar nuevas tierras era una operación muy corriente en toda la Alta Edad Media, cuando se agotaban las tierras de cultivo había que abandonarlas y crear nuevas para mantener el nivel de rendimiento, esto era inevitable ante la falta de abonos.
Sin embargo, ante el aumento de población, la roturación de nuevas tierras se convirtió en una necesidad aún mayor. Se puede decir incluso que la ampliación de nuevas tierras fue la gran expansión económica del siglo XII.
La escasez fue el auténtico motor de este proceso, llevado a cabo sobretodo por los hijos que no podían encontrar alimentos en las tierras familiares, a pesar de los progresos técnicos.
Al principio se roturaban las tierras aledañas a la aldea, aumentando el “claro aldeano”. Esta fue también la forma más común de aumentar tierras de cultivo, pues el señor podía controlarlas y así aumentar sus beneficios.
Otro caso fue el de las roturaciones en núcleos de población nuevos, se elegía un pequeño claro dentro de una zona forestal y desde el interior se empezaba a suprimir todos los obstáculos naturales, aquí tenemos, además, el principio de la futura deforestación de Europa Occidental. Este modelo, sin embargo, se especializó en recolección forestal y pastoril, sobretodo ante las nuevas demandas alimenticias de carne, madera, lana, etc...
La forma de expansión que más conocemos, al estar muchas documentadas por escrito, fue la fundación de nuevas tierras. Éstas, sin embargo, fueron promovidas por los señores, en tierras de su propiedad pero que ocupaban el yermo (tierras no aptas para la agricultura). Aquí, sin embargo, el interés del señor iba dirigido más al aumento de tributos y derechos de justicia, que de beneficios propiamente agrícolas. Realmente les interesaba más controlar el territorio y sus gentes, y así poder colaborar en la defensa de posibles ataques externos, dicho de otra forma, aumentar su poder político.
Resumiendo, el proceso de nuevas roturaciones fue avanzando desde el siglo X, muy lentamente, coincidiendo con un aumento poblacional y una posterior innovación técnica, que aumentó la presión demográfica y provocó un aumento de las roturaciones, siendo ya estimulado por los propios señores.